domingo, 14 de febrero de 2016

En un tiempo perdido: sobre "Café Hafa", de Verónica Aranda


Con prólogo de Álvaro Valverde, Verónica Aranda (Madrid, 1982) nos ofrece en Café Hafa, un viaje poetizado a un Marruecos hecho de ciudades y rincones construidos con fragmentos en los que se mezcla realidad y fantasía, vigilia y ensoñación, experiencia y cultura. Tanger, quizá la ciudad del norte de África que mejor conocemos gracias a la literatura (de Barthes Goytisolo pasando por Ginsberg, Becket o Capote, entre otros), hecha de raras postales llenas de vida, se prolonga en espíritu en otros escenarios, en otras ciudades marroquíes. Son lugares “donde bulle la vida, donde nada acontece” en los que, a la vez, sorprendemos lo que quizá sea su esencia última: apurar el tiempo dejándolo deslizarse sobre los objetos (“un tiempo líquido, humeante”), barnizar los momentos de contemplación, acompañar las evocaciones, recrear lugares (Xauén, Mequinés, Fez….)  Toda una iconografía de época se filtra en los poemas prolongando los imaginarios heredados, reconstruyéndolos y depurándolos. A ese respecto, el poema que da título al libro es un mosaico que casi lo resume. Kerouak, Ángel Vázquez, Choukri, Tennsesse Williams asoman en un texto en el que la poeta afirma: “Veo morir los mitos, mientras pienso / en la literatura”. 

Su verso, directo y sereno, sin roturas que fuercen el lenguaje, respira un vago aliento entre nostálgico y reflexivo, con cierto tono de confesión íntima y de felicidad contenida, algo de lo que a duras penas escapa la descripción de la rutina (quizá filtrada por el desaliento y la resignación) de algunos personajes entregados a duros oficios como los “hombres que se sumerjen / en los pozos de tintes”. o “los desocupados matinales”, o los “carniceros que afeitan cien cabezas de vaca”.  Homenajes a Pavese, al Marco Ferreri de Ladrón de bicicletas, o a Thomas Mann refuerzan la vertiente culturalista del volumen. Un libro maduro que nos invita a vivir la lentitud de los viejos cafés atrapados en un tiempo perdido: “Puede durar un té lo que dura el otoño”.

Versión ligeramente ampliada del texto publicado en el suplemento Babelia, El País. Sábado, 13 de febrero de 2016.