lunes, 11 de enero de 2016

Entre las grietas y roturas de la realidad: Pedro Luis Casanova

Hay libros con los que el poeta transita una senda poco frecuentada, casi inédita, estableciendo así una cota de originalidad y de ambición (y, hasta cierto punto, de arrojo y valentía) evidente. Es el caso de Fósforo blanco, el tercer libro de Pedro Luis Casanova (Jaén, 1978), un poemario al margen, construido a partir de una rotunda voluntad de indagar en el lenguaje, de buscar en él la imagen imprevista, las roturas y grietas de la realidad, el desasosiego íntimo y la incertidumbre colectiva y el alejamiento de la mirada superficial, puramente descriptiva. 
También hay poetas cuya estela es difícil de seguir, cuyo magisterio es, a la vez, poderoso y hondo en su contenido y limitado en su extensión por tratarse de una obra corta e intensa. Es el caso deDiego Jesús Jiménez, del que acaba de reeditarse su libro La ciudad, el poemario con que, en 1964, ganó el premio Adonais. Hago referencia al poeta madrileño por dos razones: Casanova hizo, hace nueve años  años, una afilada lectura de un poemario poco conocido de ese poeta, Fiesta en la oscuridad, y en Fósforo blanco se revela una sutil sintonía con la poesía  de Jiménez en el modo de acercarse, con la palabra, al mundo: hay destellos de imágenes, gusto por el giro imprevisto y el encabalgamiento y una música que nos lo recuerda.
Fósforo blanco, por tanto, se aleja de los diversos realismos dominantes y tiene su horizonte referencial en poetas para los que la visión que revela y perturba y la quiebra de la lógica de la realidad son dominantes. Pienso en Saint John Perse, en Pound, en Gamoneda y no oculto que su empeño recuerda ciertas zonas de la reflexión teórica de los poetas del grupo Claraboya (aquel intento de fusionar marxismo y lenguaje poético revelador, no convencional), aunque la búsqueda de referencias siempre es una empresa sometida al error. En todo caso, la elección de una cita de Perse para abrir boca en la antesala del libro marca la perspectiva y marca la opción estética de Casanova. Está en el lado no figurativo de nuestra poesía, en el de la frontera entre el misterio y lo visible, en el de la investigación en los bordes en sombra de la vida, incluso de lo cotidiano, y de la Historia: “Abro los ojos, cierro la mirada: / todo lo que ante mí hace florecer su engaño / es también cárcel de mi vida”.
Los tres apartados del libro acotan los espacios de su indagación: el pasado colectivo y sus huellas, casi siempre dramáticas, en “Puedo enseñar la dentadura”; la intimidad más radical, hecha sin embargo de memoria y de un presente contradictorio, con grietas que se abren al entorno civil, a la experiencia vivida por los más humildes (“Contemplad cada noche el valladar / de las frentes, la perpetua calma / descendida, como su crudo alfiler, hasta el sometimiento”), del segundo apartado, “Cuerpo raso”; la poesía, sus razones (frágiles y poderosas a la vez) y las fuentes de las que nace y, en buena medida, se alimenta, como hilo conductor de “Aguas madres”, el apartado final. Es la poética que sustenta Fósforo blanco y que tiene su más extenso alegato en el homenaje a Ezra Pound, penúltimo poema del libro (“¿Para quién escribir ahora / y reinventar la vida?”). Ahí, en el lema “reinventar la vida” está quizá la clave de la escritura de Pedro Luis Casanova: no ilustrarla, no decorarla ni describirla, sino crear nueva vida en el poema, alentar nuevos mundos con la palabra, con los sedimentos de realidad que se conocen y con los restos que se guardan en la memoria o que se adivinan en la penumbra. Un libro raro en los tiempos que corren. Una estética civil e íntima a la vez que avanza en versos largos, de una musicalidad constante y bien trabajada, sin irregularidades, en la que las quiebras del verso no se muestran como interrupciones o desajustes sino con naturalidad, sin que el ritmo interior del poema tropiece o se rompa. 
Uno de los buenos libros de 2015. Un poemario que brilla de modo muy especial en un panorama demasiado uniforme y conformista.
© Manuel Rico. También en el diario digital Nueva Tribuna .

Fósforo blanco.  Pedro Luis Casanova. 76 páginas. La isla de Sistolá. Sevilla, 201