domingo, 31 de mayo de 2015

Sobre "El llanto del mundo", de Pilar Herranz Adeva


Hay primeros libros que son de tanteo, de búsqueda. Otros muestran con claridad el camino elegido por el poeta aunque puedan advertirse rastros del proceso de iniciación. El llanto del mundo, de la poeta soriana Pilar Herranz Adeva, forma parte de esta última estirpe. Es un libro de poesía transparente, de ritmo reposado y con un trasfondo emocional que desborda el propio ejercicio literario para acercarnos situaciones vividas que dan a los poemas cierta dosis de narratividad y una carga de desacuerdo con el mundo heredado más que significativa. 


El libro lleva un atinado prólogo del poeta Fermín Herrero y se despliega a lo largo de cuatro apartados en los que, desde distintas perspectivas aborda el gran tema de la poesía de todos los tiempos: la condición humana en sus diversas variables. La apelación a la memoria infantil del primer apartado, "El cielo nos circunda", sitúa el tono del libro. Un estilo directo y emotivo de raíz machadiana sustenta una opción poética realista, con pocas licencias para el preciosismo formal, atenta a los detalles, a la anécdota precisa y al destello sentimental: la casa de la abuela, el recuerdo del padre ("En invierno íbamos a los bosques / a coger musgo, piñas, cortezas de los árboles / y los pinos olían a resina"), los viejos cuentos “al amor de la lumbre” son algunas de las anécdotas evocadas que nos colocan ante las zonas más personales e íntimas de su aurota. Esa intimida alimentada de recuerdos se convierte en queja colectiva, en atención a lo circundante, en el apartado que da título al libro. De la experiencia vivida como profesora en un recinto penitenciario, con poemas que dibujan situaciones humanas en el límite entre los que cabe destacar, por la dureza de la experiencia en que se basa “Sobredosis”, al acercamiento a realidades socialmente inaceptables (“Niños abandonados en Ulan Bator”) o a la crítica, a través de la figura de Camille Claudel, compañera del escultor Rodin, siempre en segundo plano, de la tradicional subordinación de la mujer subrayando  sus renuncias. El espacio sombrío que la poeta  extiende en ese apartado del libro se convierte en metáfora de la felicidad (una felicidad contenida y consciente) en “Campo de luz”: paisajes, paseos por escenarios próximos y cargados de memoria, el deslumbramiento ante las cosas pequeñas y ante momentos intensamente vividos (“Haz de luna”, “Noche en el río”), el amor que perdura por encima del paso del tiempo…. El llanto del mundo concluye con un homenaje al poeta cuyo aliento hemos advertido a lo largo de los poemas: Antonio Machado. En la contraportada se nos advierte que Pilar Herranz Adeva, además de nacer en Soria, ha vivido su infancia en una ciudad como Almazán, en el corazón de la provincia. Esas circunstancias biográficas hacen inevitable su referencia última al poeta sevillano. Sin embargo, los dos poemas que cierran el libro (“Leonor” y “Aula Antonio Machado”) tienen algo de poética, de afirmación de la apuesta estética que Machado representa y que, inevitablemente, gravita sobre una de las líneas más fecundas de la poesía española actual. Incluso de la más reciente. El poemario de Pilar Herranz Adeva es un primer libro en el que, a pesar de que se advierten pequeñas costuras propias de todo primer libro, su autora apunta un camino que, seguro, tendrá plena confirmación en próximas entregas. Un libro a tener muy en cuenta.


---------------
Pilar Herranz Adeva. El llanto del mundo. Amargord. Madrid, 2014. 76 págs.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

La vida en crudo | Sobre "Trabajo sucio", de Eva Vaz

Eva Vaz (Huelva, 1972) mira al mundo como a través de una lente agrietada. Se confiesa, se desnuda sin pudor y hace el poema una suerte d...