"En el solar del nómada", de Juan José Vélez Otero

En toda existencia, la plena madurez es la etapa en la que se proyecta una mirada reflexiva a lo vivido y se asume con una conciencia doble: la de la imposibilidad de cumplir de manera total los sueños de juventud; la de cierto escepticismo hacia el tiempo que queda por delante. No hay entusiasmos, la utopía es menos utopía que antaño, y la sensación de derrota (“Un hombre derrotado es el dilema / de un dios también constante en la derrota”) parece imponerse.

Esa conciencia compleja recorre los poemas de En el solar del nómada, el último libro del poeta y traductor Juan José Vélez Otero (Sanlúcar de Barrameda, 1957), autor de siete poemarios y traductor de Donald Hall (el más reciente, La cama pintada) o Yusef Kumanyakaa, entre otros. Un libro que se divida en dos extensos capítulos, “El solar”, un acercamiento a los escenarios donde fue la vida, a los objetos que le dieron sentido, convertidos en fragmentos de tiempo, en residuos de la memoria, en rastros de viejas lecturas, en redescubrimientos desde la perspectiva que los años ofrecen. En la segunda parte, “La soledad del nómada”, ya no es el pasado quien protagoniza el poema sino la decepción, una conciencia casi radical del fracaso, algo así como la lucidez frente a un pulso existencial  que se ha perdido o que el sujeto lírico está a punto de perder: “hace tiempo que la vida no es un sueño”, escribe en el poema “De amor y desencanto”.

Melancolía, tono elegíaco (en el fondo el libro no deja de ser una tensa elegía por la juventud perdida) y un también doble, y en apariencia contradictorio, sentimiento al contemplar el pasado: el gozo contenido del recuerdo y, a la vez, la necesidad de olvidar como forma de liberarse del sustrato de dolor que siempre acompaña a la certeza —y al vértigo— de las pérdidas. Esa tensión entre contrarios, que evidencia la complejidad del pensamiento del poeta, no está reñida con una búsqueda que es, también, una necesidad: la apuesta por la felicidad. En otras palabras, una suerte de apuesta por las pequeñas verdades de la vida, por la poesía propia y ajena, tras el convencimiento de que no hay posibilidad de ser feliz esperando la imposible materialización de los grandes sueños de juventud.  Esa actitud, que tiene algo de renuncia y de resignación, es visible de manera rotunda en el poema “Definitivamente voy a ser feliz”:  “Leyendo poemas, envejeciendo / al abrigo de las cenizas que dejaron los sueños, / sin piedad, sin ambición ni entusiasmo, / sin la necesidad fatal de la esperanza”.


Las tardes frías de invierno, el telón de fondo de diciembre, el viento en la noche, las primeras lluvias del otoño….  Al leer los poemas de Vélez Otero uno tiene la impresión de estar ante un hombre que escribe junto a una ventana, en un anochecer invernal, no lejos del mar, ejercitando la memoria y escuchando la lejana bocina de un barco que parte a algún lugar desconocido.  Una escritura que mezcla sabiamente el tono conversacional con la tensión lírica de la palabra reveladora, de la metáfora afortunada  (“La diaria trashumancia del barro”, “los ojos vacíos de las piedras”…), muestran una poesía que enlaza con la mejor escritura de nuestros poetas del cincuenta (Sahagún, Gil de Biedma, Caballero Bonald) y en la que la razón estética y la atención formal no están reñidas con una apelación equilibrada a los sentimientos: una poesía, también, emocionada y emocionante.  Un libro a tener en cuenta.


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En el solar del nómada / Juan José Vélez Otero. 117 págs. Valparaíso Ediciones. Granada, 2014

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