lunes, 19 de enero de 2015

La esencia de una educación sentimental: "Divina", de Inma Luna

Inma Luna (Madrid, 1966) es una poeta experimentada que a lo largo de su trayectoria (cinco poemarios en menos de una década), iniciada en 2006 con Nada para cenar,  ha combinado  una intimidad conflictiva con la atención a una realidad social dura, difícil. En Divina, su sexto libro poético, recorre, con palabra afilada en la que se revela una sensibilidad a flor de piel, su educación sentimental. Una peripecia que, aunque se base en la experiencia del propio sujeto poético, tiene en gran medida un carácter generacional: en ella es reconocible la trayectoria de la mujer en una sociedad marcada por la moral católica y su prolongación “civil”. Mujeres nacidas en los años sesenta formadas, cultural y sentimentalmente, en entornos lastrados por la herencia del franquismo: en la familia, en la escuela, en las relaciones fuera de la casa.

La infancia, el choque entre la ternura inocente de la niña y la brutalidad que no entiende de emociones, de miedos; la perplejidad y el desconcierto ante injusticias acuñadas como  justas, la adolescencia  como tiempo de sumisión, de crecimiento, de culpa, de emociones confrontadas; la juventud y la madurez que desembocan en un matrimonio obligado y en cierto modo inexplicable, la maternidad…. Estaciones de un trayecto que lleva a la soledad y a la desconfianza, a la contemplación del mundo con la lente de un rencor sutil, dolorido, perdurable. Las lecciones recibidas por la mujer que protagoniza Divina forman parte de un catálogo de prohibiciones: negación de lo imaginario, elusión y castigo del deseo, sexualidad oculta y, a la vez, pervertida, difuminación de la carne, de la intuición, destierro de la naturaleza, madre de toda tentación… Todo ello, cruzado por la conciencia de ser de una clase diferente (algo que Luna expresa de modo sintético en el poema “Caína”: "Tenía menos juguetes / y muchas más horquillas en el pelo, / ni una sola flor, / ni una. / Ella era rubia con germen de elegancia. / Envidiaba sus escaleras de madera, / su boca enorme, / sus juguetes", escribe) y por la condena de la pereza y del placer, de todo asomo de hedonismo. La necesidad de sobrevivir en medio tan hostil conduce a la simulación, a la esquizofrenia de la doble personalidad, algo que ha marcado, en buena medida, la condición femenina en nuestra civilización. Es ilustrativo a este respecto el desolador poema “El engaño”:  “Mis padres no han sabido / la clase de hija que tenían, / mi marido ignoraba / de qué se alimentaba su mujer,  / mis hijos desconocen / qué raquítica madre les ha tocado en suerte. / Cumplí perfectamente el cometido / de engañarnos a todos”.

Inma Luna escribe con un lenguaje despojado, directo, pero lleno de sutilezas, impregnado por un temblor emotivo y no carente de chispa lírica: “Vendad la sangre / con una gasa blanca, / dad varias vueltas para aquietar, / si tropezáis con alguna bandada de pájaros / apartaos de ellas”. Su estética tiene cierto paralelismo con la pulsión dolorida de ciertos poemas de la Pizarnik o de Amájtova aunque con menos dosis de metafísica. Su poesía es transparente, nada elusiva, puro esqueleto a veces, y tiene en la realidad y en la vida, en la experiencia de lo cotidiano, su material de partida, su proteína.

Al texto de Inma Luna se añade, en esta edición, el magnífico trabajo de ilustración de Loreto Rodera, lo que convierte el libro en un objeto integral, pura obra de arte, que confiere a los poemas un sentido más hondo, más diversificado y enriquecedor. La imagen al servicio de la poesía. Y viceversa. 

Divina / Inma Luna / Ilustraciones de Loreto Rodera / Baile del Sol. Tenerife, 2014 / 69 pags.  

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