viernes, 1 de noviembre de 2013

Sobre "Cristalizaciones", de Basilio Sánchez

Reproduzco mi crítica al poemario Cristalizaciones, del poeta cacereño Basilio Sánchez, publicada en Babelia / El País, el pasado sábado, 26 de octubre. Un lenguaje depurado, intenso, para adentrarse en las zonas menos visibles de lo cotidiano.

Basilio Sánchez
Cristalizaciones.
Premio Ciudad de Córdoba “Ricardo Molina”
Hiperion. Madrid, 2013

Basilio Sánchez (Cáceres, 1958), es un poeta de exigente y poco difundida obra: Cristalizaciones es su noveno libro en una trayectoria que inició en 1984 con el poemario A este lado del alba. Su poesía tiende a lo esencial, fusiona la indagación en lo cotidiano con la tensión lingüística, avanzando así en un camino extremadamente singular (que, en buena medida, transitó otro poeta extremeño, Ángel Campos Pámpano). La poesía como cedazo que criba la realidad, como filtro o cristal que selecciona, deforma y compone nuevas realidades en las que el sujeto lírico es hombre y es, a la vez, artífice de lenguaje. Así, el poema es lugar de creación y meditación a la vez. En Cristalizaciones, ese proceso, que avanza en tres fases (los bloques en que se divide el libro) cobra la forma de una metáfora: el cristal. No es el cristal opaco, sino transparente, a cuyo través la mirada encuentra las señales de cuanto ha construido la identidad del poeta: “Entre los subjetivo y lo objetivo, / el escritor ajusta el foco de la lente”. Las casas vividas, las lecturas preferentes, los antepasados (“El río de mis padres, / el río de los padres de mis padres”), los objetos en los que se sedimenta la memoria (“El saco de arpillera con el pan de los pobres, / el laboreo del óxido sobre las herramientas”), los paisajes evocados con una mezcla de gozo, melancolía y reflexión sobre el tiempo. Estamos ante una forma de metapoesía. Alejada del experimentalismo y hecha de introspección, como vía hacia la plenitud, un concepto en el que lo literario y lo existencial ―la poesía y la vida― se amalgaman y en el que, por su búsqueda de la totalidad, alienta, siempre, el fracaso (“el infinito es siempre / la expresión de un fracaso”). Basilio Sánchez ha construido un libro sereno que invita a la meditación, escrito con un lenguaje despojado y preciso al tiempo, lo que pone de relieve que la buena poesía no siempre se produce en los circuitos más conocidos y transitados.

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