jueves, 15 de marzo de 2012

El amor y la incertidumbre. Crítica al último libro de Nuria Barrios

Nostalgia de Odiseo Nuria Barrios
171 págs.     
Vandalia. Sevilla, 2012

Nuria Barrios obtuvo, en 2004, el premio Ateneo de Sevilla con un libro intenso y fresco, también extraño, titulado El hilo de agua, en el que, a partir de una propuesta poética depurada, se planteaba una búsqueda, en el presente, de paraísos imaginarios en una suerte de añoranza del paraíso perdido. Nostalgia de Odiseo, su nuevo libro, mantiene el tono de aquel poemario aunque su búsqueda discurre por otros caminos. Sobre el mito de Penélope construye una historia de amor que no se cierra en la pura referencia homérica, sino que abre pasadizos al presente, a la reflexión sobre el sentido de la vida y, sobre todo, del amor y la separación. El que la figura de Penélope quedara difuminada en la obra cumbre de Homero abre un mar de posibilidades de invención/recreación de sus pensamientos, de sus sueños, deseos y frustraciones que Nuria Barrios ha aprovechado.

Es ahí, en la espera del retorno, donde el libro encuentra su hilo conductor. Nuria Barrios, a lo largo de sus nueve apartados y apostando por el poema breve (con tres excepciones: “Nekya”, “El hilo de la cometa” y “Ecuación”), imagina y da voz a Penélope en su permanente tejer y destejer. Es el hilo la sutil zona de intersección entre sus deseos y la nostalgia del amante entregado, lejos, a heroicas aventuras: “En su destino / Odiseo y ella están unidos / al telar, el hilo, el huso, la rueca”.  El lector se interna en un universo envolvente que le atrae y, a la vez, le disturba: el amor y la muerte (eros y thánatos), la memoria de lo vivido en común y de lo imaginado, el miedo y la felicidad, la tentación del engaño (“Los pretendientes”) y el peso de la fidelidad. Todo ello, con una intensidad sostenida,  está en Nostalgia de Odiseo: en su conjunto, es una metáfora del amor y sus incertidumbres por encima del tiempo. Tan vivas en Penélope como en el la mujer del siglo XXI.     

Publicado en Babelia. El País. Sábado, 10 de marzo de 2012. 

lunes, 5 de marzo de 2012

"Collage" en movimiento. Crítica a "Arqueología del agua", de Jacques Darras

Arqueología del agua.  Antología 1988-2001
Jacques Darras
Edición bilingüe
Edición, versión y notas de Miguel Veyrat
Libros del Aire.  Madrid, 2011
171 págs.

Jacques Darras es, entre los poetas franceses de hoy, quizá el más atrevido, el que más lejos ha llegado en la experimentación con el poema largo, salmódico, con trasfondo narrativo y en el que la imaginación y la Historia conviven, se mezclan, se interrelacionan y enriquecen mutuamente. Nacido en 1939, en Ponthieu, Darras es coetáneo de la mayor parte de nuestros poetas de la generación del 68, el último impulso vanguardista colectivo vivido por la poesía española en el último medio siglo. Como ellos, aunque en un contexto diferente — Francia y el mayo agitado, turbulento, de París en aquel año emblemático—, Darras abordó, con una clara voluntad rupturista, la aventura de una poesía totalizadora, poliédrica, llena de mundos y de complejidad, cargada de claves simbólicas, de referentes culturales de guiños a la Historia europea y a su cultura.

Arqueología del agua es una antología no de libros sino de fragmentos de un largo poema que Jacques Darras inició en 1988, cuya traducción, versión y notas para la edición española han corrido a cargo del poeta y ensayista Miguel Veyrat. Con el tíulo La Maye, inspirado en el nombre de un río situado en el norte de Francia y vinculado a su geografía sentimental y a su infancia, el poeta construye un texto ambicioso que  se extiende a lo largo de siete Cantos (el último, recién publicado en Francia y no contemplado en esta antología) y en el que se advierten ecos de algunos de los grandes poetas que el propio Darras ha traducido: Walt Withman, Ezra Pound, Ted Hughes, William Carlos Williams o Coleridge entre otros. El río La Maye es la metáfora del conjunto: el agua de Heráclito, los ríos de Manrique, la corriente que, ora tranquila y apacible, ora tempestuosa y agitada, avanza reflejando ciudades, murallas, naturaleza, vidas. En el agua, fuente nutricia que da sentido a la vida, están las viejas ruinas, la ciencia, los orígenes de la civilización, sus éxitos y fracasos, las viejas urbes, las arquitecturas emblemáticas, lo telúrico, el arte, la creación, los símbolos  en los que Europa se expresa: La Grand Place de Bruselas, el Danubio, la pintura de Rubens, el Partenón.  La antología está estructurada en cuatro apartados o “pliegues” y en ellos mezcla lo racional y lo irracional, la ensoñación y la mirada realista, la visión capilar y la indagación telúrica, la búsqueda en las raíces y la contemplación de la lejanía. Tin-Tin, Arthur Rimbaud, Louis Aragon, Hergé, Baudelaire, Carlos Marx, el Evangelio conviven en los versos de Darras como iconos de una cultura conservadora y crítica a la vez, como las más depuradas expresiones de las tribulaciones colectivas del mundo occidental. Arqueología del agua es un inmenso collage en movimiento, un canto al todo. El intento abarcador (y abrazador) de quien toma la palabra por las crines e intenta galopar sobre ella por los territorios menos esperados: en ese viaje se alberga la identidad propia y la identidad de todos. Anticipa el juego de espejos en que, pese a todo, se ha convertido la globalización. La corriente del La Maye es, para Darras,  la fiesta del lenguaje y la metáfora de todos los ríos. Y es también “Esa transparencia fluida que es como la respiración del agua previa a la desembocadura”.  O dicho de otro modo: como el recuento de imágenes y experiencias que, según el psicoanálisis, llena los últimos años de la vida de los seres humanos.  
(Publicado en Babelia. El País. Sábado, 3 de marzo de 2012)