Ángel Guinda: conciencia de vida y de poesía. "Espectral" y "Caja de lava", sus dos últimos libros.

Hoy, en Babelia, se publica mi reseña a los dos últimos libros de Ángel Guinda. Un poeta de alto voltaje al que hay que tener muy en cuenta, sin duda, en nuestro panorama poético y literario. A pesar de centralismos varios y de la hegemonía de las poéticas más previsibles. 

Ángel Guinda
Espectral
84 págs.       euros.
Olifante. Zaragoza, 2011
Caja de lava
55 págs. 
Olifante. Zaragoza, 2012

“Un sueño martillea la red de mis neuronas: un niño cruza el mundo con un féretro al hombro y ese niño soy yo”. Este breve e inquietante poema en prosa forma parte del libro Espectral, de Ángel Guinda, y resume la existencia, el permanente idilio con la muerte que, desde el principio, nos acompaña. Ahí se advierte el hilo conductor, el sustrato de fondo de la obra de este poeta nacido en Zaragoza en 1948 y residente en Madrid, cuya trayectoria cabe incluir junto a la de algunos de nuestros más significados poetas laterales (pienso en Justo Alejo, en Miguel Labordeta, en Aníbal Núñez o Javier Egea, entre otros). Poeta lateral por escribir al margen de las tendencias dominantes y lateral por haber madurado, pese a vivir en Madrid, en una realidad literaria como la aragonesa. Se trata, además, de un poeta combativo y tenaz que publicó su primer libro, La pasión o la duda, en 1971, que ha escrito e impulsado manifiestos como Poesía y subversión (1978) o Poesía útil (1994), que ha jugado un relevante papel como animador poético, como editor y como creador de revistas, y al que le fue otorgado el Premio de las Letras Aragonesas en 2010.     

La poesía de Guinda tiene una condición híbrida: la experiencia de lo cotidiano, de lo social incluso, se entrevera con el destello metafísico, con el aforismo, con la reflexión sobre el propio sentido del poema, con fugaces prospecciones en la memoria y con juegos verbales que bordean la greguería. Es una poesía, por otro lado, cálida, cercana, que no reniega del filo provocador de las vanguardias (ahí están los manifiestos citados) ni del humanismo más radical. Todo ello es visible en sus dos últimos libros: en el antes mencionado Espectral, una colección de poemas en prosa, y en Caja de lava, más cercano al poemario convencional. En ambas entregas se nos muestra un poeta plenamente dueño de sus recursos, poseedor de un lenguaje dúctil que no elude el juego (“Soy envase y fluido, energía y espíritu, contención y derroche. Vehículo, camino, cumbre, sima”),  ni la imagen imprevista (“Este poema es una pistola / cargada con lava / y desesperación”) ni la ironía próxima a la causticidad (“Dentro de esta botella bailan moscas / como bombardeados helicópteros, / pasean cucarachas con paraguas”) como parte de una lírica abierta, cordial, en cuyos versos se advierte una cierta carnalidad lingüística. Si en Espectral esas capacidades se manifiestan en la tensión intropectiva, en la búsqueda de las raíces a partir de la experiencia de lo vivido y de lo viajado (Ostia, Veruela, Amman…), en Caja de lava toma la forma de recapitulación desde la conciencia de la edad. Y lo hace sin grandilocuencia, oscilando entre el poema en prosa y el tono conversacional de “Taller de escritura” y el verso corto e intenso como un chispazo de “Liberación”: “Machaco la oscuridad, / golpeo rayas de lluvia, / araño el aire”.

 Ángel Guinda, con estos libros, confirma la solvencia de una trayectoria a tener muy en cuenta en nuestro panorama literario.

Publicado en Babelia. El País. Sábado, 14 de abril de 2012, día de la República.

Comentarios

  1. Merecidísima reseña. Además de excelente poeta, Ángel Guinda es una gran persona.

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