Vida y Misterio. Crítica a EL FUGITIVO, de Jesús Aguado

El fugitivo
Poesía reunida (1985-2010)
Jesús Aguado
561 págs.
Vaso Roto. Madrid, 2011

En la historia de la poesía española siempre ha habido islas, poetas que han construido su obra en un espacio al margen: Jesús Aguado (Sevilla, 1961), cuyo primer libro, Primeros poemas del naufragio (1984) se publica casi al tiempo en que lo hacen los primeros libros de los poetas “canonizados” de la llamada promoción de los ochenta, pertenece a esa grey de heterodoxos. Su obra, editada de manera dispersa y sustentada en una variedad de enfoques y registros que, paradójicamente, la singulariza, tiene un hilo conductor reconocible y obsesivo: abordar la zona de intersección en que vida (lo tangible) y creación (el misterio) se relacionan dialécticamente. Una zona que construye tanto a partir de la realidad de la India (vivió en Benarés durante varios años), como de la ciudad occidental; tanto gravitando sobre la reflexión filosófica como sobre la meditación existencial; hecha con la mirada näif del poema de apariencia infantil o con un irracionalismo “racional” que nunca es surrealismo.
En El fugitivo, Aguado ha reunido lo que juzga como poesía válida o, tal y como confiesa en la nota final, con la que se siente “a gusto”. Por tanto, no es una obra poética completa: ha eliminado su primer libro, arriba mencionado, ha dejado en la mitad libros de entonces (Mi enemigo y Semillas para un cuerpo),  incluido en un apartado de sueltos el posterior Piezas para un puzzle (1999) y corregido a fondo numerosos poemas.

El libro está dividido en dos grandes apartados. El primero, más apegado al experimento, al formalismo de sus primeros años, recoge textos de la década de los noventa hasta El fugitivo (1998), aunque se integren restos del “naufragio” de una primera etapa en la que el propio poeta sólo en parte se reconoce. El segundo, reúne la poesía más perturbadora e intensa de Aguado. Ahí está, desde el poemario que da título al volumen hasta Verbos (2010), pasando por Heridas (2004), la lírica del desdoblamiento de Los poemas de Vikram Babu (2000), o Lo que dices de mí (2002), la poesía en la que el autor intenta iluminar los puntos ciegos de la vida y del mundo, lo que él en algún momento ha definido como “fallos en el sistema represivo de la realidad”. Misterio y verdad, vida y muerte, pensamiento e intuición y emoción, laboran en esa realidad nueva que es el texto poético. Son, en las formas más diversas, desde el versículo al soneto, pasando por la prosa poética, como sedimentos del lenguaje de quien huye (“escapar a las diferentes cárceles del yo”), de quien tiene como referentes cierta poesía hindú (ha antologado la poesía devocional y popular de la India) y la lírica occidental más propicia a indagar en las fisuras de la realidad, en el espacio radical que escapa a las instituciones entendidas en su sentido más amplio y profundo: Rilke, Eliot, la generación beat..

No es fácil encontrar a un poeta que tenga una obra abundante y a la vez tan marcada por la exigencia. En Jesús Aguado se ejemplifica la excepción. El fugitivo es un libro que nos ofrece, al fin, su obra poética junta. Sin duda, uno de los más importantes de entre los aparecidos en 2011.

(El País. Babelia. 18 de febrero de 2012)


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