Las varias dimensiones del amor. Crítica de hace diez años a la poesía amorosa de JOAN MARGARIT

POESÍA AMOROSA COMPLETA (1980-2000) Joan Margarit
Prólogo del autor. Epílogo de Sam Abrams
Hiperion. Madrid, 2001.
288 páginas.
Proa. Barcelona, 2001 (En catalán):
270 páginas.

 

Desde el punto de vista generacional,  Joan Margarit ( Sanaüja, 1938) podría ser encuadrado entre los senior de la generación de 1968. No así desde el punto de vista estético, puesto que su poesía de los años sesenta y setenta, escrita en castellano, lejos de sintonizar con el neovanguardismo de los jóvenes poetas del momento, expresaba cierta continuidad con respecto a la obra más meditativa de la generación del medio siglo. Cuatro libros en lengua castellana, publicados entre 1963 y 1979, precedieron al giro lingüístico que, al inicio de la década de los ochenta, decidió imprimir a su obra. A partir de 1980 sus libros poéticos fueron escritos y editados en lengua catalana, ocupando un espacio singular (en paralelo a poetas como Feliu Formosa, Lluís Alpera o Jordi Pámias) en la poesía catalana de las dos últimas décadas del siglo. Pese a ello, Margarit ha mantenido una presencia no desdeñable en el panorama poético español gracias a la edición bilingüe de buena parte de su obra poética, uno de cuyos ejemplos más reciente ha sido su  libro Estació de França (1999). El presente volumen recoge, por tanto, toda la poesía amorosa escrita por Margarit en catalán desde 1980. Eludiendo la estructuración cronológica, el poeta ha optado por ofrecernos una propuesta de lectura sustentada en el agrupamiento de los poemas en seis apartados: la relación hombre y mujer a lo largo del tiempo, desde la juventud a la vejez; la dimensión sentimental de la relación con los hijos; la evocación de la relación del sujeto poético con los padres; el desamor y las relaciones amorosas pasajeras o fallidas; el amor truncado por la muerte; la amistad en sus distintas perspectivas y dimensiones. Estamos, en consecuencia, ante un más que significativo ensanchamiento de las fronteras que tradicionalmente se han venido estableciendo al hablar de poesía amorosa. Para Margarit el amor está presente en cada ámbito de la realidad cotidiana. Recoge, así, una tradición que está presente en autores como Vicent Andrés Estellés o, de una manera más irónica y distanciada, en el Gabriel Ferrater de Mujeres y días,  en los poetas del 50 de la Escuela de Barcelona o en Ángel González.  En ella, la relación amorosa tiene una dimensión moral, con vínculos no por sutiles menos sólidos con lo colectivo. Joan Margarit, sin embargo, la enriquece incorporando el concepto amor a territorios tan en apariencia alejados del mismo como la  amistad, la relación paterno-filial o la presencia retrospectiva en la cotidianidad lejana de los padres. Fuera del idealismo platónico, en el poeta gerundense el amor es un ingrediente (acaso el decisivo) de la realidad, es parte de la verdad de la vida: con sus contradicciones y servidumbres, con su grandeza y con su miseria.  El estilo de Margarit, entre lo conversacional y lo reflexivo, basado en un diálogo íntimo de intensas connotaciones emotivas, nos lleva hacia territorios enormemente  cercanos  y nos enfrenta, sobre todo, a esa zona híbrida donde el amor es más vivido cuando en la relación hay una cierta conciencia de muerte. El paso del tiempo es siempre la pátina que conduce al final del amor (estremecedores los poemas dedicados a Joana, la hija deficiente del poeta) y es, a la vez, incentivo e impulso para su prolongación a través del poema: “El ayer nos espera en el mañana, /  va siempre más deprisa que nosotros”. La felicidad efímera, la añoranza de la juventud (propia y de los antepasados familiares) hablan, en cada poema de Margarit, con un filo de dolor, con un sutil velo de pesimismo que es resignación existencial pero también voluntad de rebeldía a través de la literatura. De ahí la omnipresencia de la memoria en la casi totalidad de los poemas. No sólo como conjura contra la demolición del tiempo, sino también como mecanismo de afirmación de la propia identidad (individual, pero también colectiva, léanse los poemas “Años sesenta”, “Un amigo”,  “Estación de Francia”, entre otros) y de meditación acerca de lo vivido. Los poemas, pese a proceder de quince libros distintos, configuran un libro unitario contribuyendo, a la vez, a la creación de un clima  acogedor, entre ceniciento y  mediterráneo, del que no es difícil sentirse inquilino. Es de agradecer el recorrido que, en el epílogo, realiza Sam Abrams por la poesía amorosa en lengua catalana para aproximarnos a la de Margarit. Y como no hay haz sin envés, se echa de menos, en la edición en castellano, la minuciosa ficha bibliográfica y la información respecto al libro al que cada poema pertenece que se recoge en la edición en catalán.  

(Publicada en Babelia. Año 2001)

En el enlace de abajo podéis acceder a un magnífico video sobre Estació de França, uno de sus libros más celebrados.
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